Un lugar de la red en el que los padres también caben

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Las generaciones actuales de jóvenes y adolescentes son nativos digitales. Lo que a nosotros nos ha costado un periodo, más o menos largo o más o menos definitivo, de adaptación y modificación de hábitos, para ellos es connatural pues ya han crecido rodeados de las tecnologías digitales.

Estas herramientas de comunicación, que han dejado de llamarse nuevas, han supuesto una revolución a nivel mundial de la que todavía se desconocen sus efectos, pero de las que ya sabemos suficiente por experiencia propia. Los mensajes instantáneos, los chats de conversación a  través de la red, la aparición de What’s up o los escaparates que muestran la vida cotidiana de tantos millones de personas en las redes sociales (sólo en Facebook ya se cuentan 901 millones de usuarios activos al mes) suponen un volumen y una velocidad en las comunicaciones nunca vistas en la historia de la humanidad.

El componente social, no sentirse excluido del grupo, es una de las motivaciones más fuertes por las que los individuos, especialmente los jóvenes,
a b ren su perfil en la red y exponen, a merced de quien quiera leerlo, sus asuntos, tanto privados como públicos. La necesidad de actualizar, etiquetar, ser comentado y comentar, en definitiva, de que te tengan en cuenta es similar al proceso de adaptación social que se vivía anteriormente en grupos más reducidos: el colegio, los amigos, el pueblo, etc. Sólo que ahora, el medio es distinto.

El componente lúdico. A este componente social, se suma el lúdico. Los perfiles en las redes sociales ya no son un simple escaparate de las actividades cotidianas, ni una “gratuita” herramienta de comunicación; son centros de ocio en los que se encuentran infinidad de posibilidades para pasar el rato. Juegos en red, descargas de aplicaciones, anuncios que llevan a otras webs o movimientos virtuales, entre otros, son un reclamo para el adolescente que disfruta en un mundo que, en muchas ocasiones, les pertenece en exclusiva dado que no lo comparten con sus
padres o educadores. El perf il, cuando los adultos nos desentendemos del tema, es un espacio de “intimidad” para los jóvenes, un reducto en el que se convive con los amigos, los conocidos o, incluso, los desconocidos y del que, si no mostramos interés, se aparta a los padres. Es preciso y urgente que los adultos reticentes superen el recelo o, en algunos casos, el temor a adentrarse en este mundo desconocido. Los jóvenes se
han instalado en la red, se alimentan, viven y comunican a través de su perfil y los re s p o nsables de su educación y su seguridad no deben quedarse al margen de una tecnología que no es pasajera. Internet ha llegado para quedarse y, con toda seguridad, nos queda mucho camino por recorre r.

Fuente: Revista Contraste

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