La brecha digital que separa a padres e hijos

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Cada vez es mayor la brecha digital generacional. Una brecha que separa a los que han nacido en un mundo dominado por las nuevas tecnologías del resto. Especialmente a padres de hijos.

«Los chavales son nativos digitales, manejan la tecnología desde la cuna. El resto somos ‘inmigrantes’, explica Gonzalo Santamaría, de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) y responsable del estudio ‘Adolescentes y Social Media: 4 generaciones del nuevo milenio‘. Dentro de los ‘inmigrantes’, diferencia dos tipos: los casi nativos o naturalizados, padres de menos de 30 años (con excepciones, claro), sobre todo en materia de videojuegos (de hecho, el ‘target’ de la PlayStation son mayores de 30); y los que viven absolutamente ajenos a Internet: «no saben qué son las redes sociales, ignoran que en Facebook puedes contactar con gente que no conoces, no saben a qué juegan sus hijos ni con quién ni son conscientes de lo que supone que los adolescentes estén solos».

Esa brecha separa también a alumnos y docentes. «Los hay que se involucran y se reciclan, aunque es algo que depende de su voluntad, ya que el sistema no lo favorece», explica Mar Monsoriu, experta en Marketing e Internet y fundadora de la consultora Latencia. Otros, por el contrario, se cierran en banda. Un problema serio, dado que los profesores «deberían ser modelos en el uso de las redes sociales, a quienes sus alumnos puedan consultar», afirma Reynaldo Rivera, de CECE.

Es más, «muchos colegios no saben que tienen la obligación de intervenir en los conflictos que se producen entre sus alumnos, aunque estos sucedan fuera de las instalaciones escolares. En el caso del ciberacoso se trata de una obligatoriedad muy clara, ya que además estas situaciones suelen estar relacionadas con otros hechos que se producen también dentro del recinto», recuerda Guillermo Cánovas, presidente de Protégeles.

La expansión de los teléfonos inteligentes ha ampliado aún más esa brecha. «A partir de los 9-10 años los chavales tienen smartphones con capacidad muchas veces superior al móvil de sus padres», explica Gustavo Entrala, CEO de la agencia de comunicación 101 (responsable del desembarco de Benedicto XVI en Twitter). De hecho, el uso de Tuenti y Facebook es mucho mayor desde móviles que desde el ordenador. «O sea que los padres que dicen que su hijo no está en Facebook porque no le dejan el ordenador, se han caído de un guindo», afirma Monsoriu.

Pero, ¿qué hacer ante esto? Para Monsoriu, no valen excusas: los padres tienen que «ponerse las pilas». «Como he dicho a más de un cliente, si un niño de nueve años puede, tú, que eres director general, también». «Los padres tienen que ‘meterse’ en esto: crear un perfil en una red, usar WhatsApp, jugar, descargar aplicaciones, leer el contrato de esas aplicaciones…», afirma Cánovas. En muchas ocasiones, al instalarlas, damos permiso a aplicaciones para acceder a la localización del teléfono, a los contactos, enviar notificaciones… «Es bueno que los padres lo sepan y sean una referencia para sus hijos».

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