Cine: Spider-Man: Homecoming

Ficha:

133 min. | Acción | Cómic | Fantástico

Público apropiado: Jóvenes

Año: 2017

País: EE.UU.

Dirección: Jon Watts

Intérpretes: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr., Marisa Tomei, Zendaya, Jon Favreau, Martin Starr, Donald Glover, Jacob Batalon, Laura Harrier, Tony Revolori, Bokeem Woodbine, Tyne Daly, Abraham Attah, Hannibal Buress, Gwyneth Paltrow, Stan Lee, Chris Evans

Tras el enfrentamiento de los Vengadores en Nueva York contra la invasión chitauri, Adrian Toomes trabaja recogiendo escombros provocados por la refriega al frente de sus empleados. Como le despiden de mala manera cuando agentes del gobierno se hacen cargo de la tarea, decide no entregar la basura alienígena que ya ha retirado. Con estos desechos creará con el tiempo un traje que le convierte en el temible Buitre, y también diversas armas tecnológicas que vende a delincuentes. Por su parte, Peter Parker siente auténtica devoción por su mentor, Tony Stark, alter ego de Iron Man, que le reclutó para ayudarle en la guerra civil contra el Capitán América y sus partidarios, y le regaló un sofisticado traje con el que mejora su eficacia en la lucha contra los delincuentes. Mientras, trata de llevar una vida normal en casa con la tía May, que piensa que el millonario le ha concedido una importante beca. En el instituto está a punto de celebrarse un importante baile, aunque Michelle, la chica que le gustaría como acompañante, no le hace demasiado caso.

Parecía que la franquicia arácnida estaba ya sobreexplotada, y que reiniciarla por tercera vez en menos de dos décadas no era buena idea. Pero ha sido un acierto buscar savia nueva, encomendándole la realización al joven lleno de ideas Jon Watts –hasta ahora responsable de dos largos ‘indies’ poco conocidos, Clown y Coche policial–, que también forma parte del equipo de seis guionistas, se diría apasionados del universo Marvel, tanto en cine como en los comics. Quizás debe advertirse que el argumento está muy integrado en el resto de películas de personajes de la editorial, hasta el punto de que quien no esté al tanto podría perderse un poco. Y que ofrece numerosísimas referencias a las viñetas, a los filmes de Sam Raimi y Marc Webb, y hasta la banda sonora brillantísima de Michael Giacchino se convierte de repente en la sintonía de la serie televisiva del Trepamuros.

Se reinventa al personaje con gran originalidad, pues se le ha convertido en un adolescente, iniciándose en la vida, que a pesar de su potencial carece de la suficiente experiencia para tomar las decisiones adecuadas. Establece una relación paternofilial con el millonario Stark, al tiempo que depende emocionalmente de su adorada tía May, aquí más rejuvenecida que nunca. Se incorporan también rasgos fundamentales de Spider-Man en los comics, sobre todo su sentido del humor a la hora de enfrentarse a los malos, y sus meteduras de pata. Todo funciona a la perfección gracias al trabajo del joven Tom Holland, al que le va mejor este papel que a Andrew Garfield, dándole un carácter muy juvenil, con locuras propias de su edad. Le apoyan bien la carismática Marisa Tomei (aunque se echa de menos que tenga más presencia), y Robert Downey Jr., que no necesita de muchas variaciones en su papel de ególatra con gracia. Se acierta también con el poco experimentado Jacob Batalion, como aliado friki del protagonista, la cantante Zendaya como contrapunto amoroso, o al darle cancha al guardaespaldas de Stark, Happy Hogan, de nuevo interpretado por Jon Favreau.

El reparto depara alguna sorpresa, y por supuesto no falta un divertido cameo de Stan Lee, creador del Hombre Araña. Pero en cuanto a actores se refiere, se apropia de la función Michael Keaton. Tras triunfar como superhéroe, Batman, y una candidatura al Oscar por dar vida a un actor encasillado en este rol, en Birdman, aquí interpreta a un villano con entidad, pieza clave en las mejores películas del género, luciéndose sobre todo en un momento que transcurre en un coche.

Con personajes tan bien definidos, grandes dosis de simpatía y un ritmo trepidante, funcionan a la perfección las secuencias de acción, que logran no ser tópicas a pesar de la saturación de supertipos en pijama. Se llevan la palma una en el obelisco del Mall de Washington, otra en torno a un barco que se parte en dos, y un enfrentamiento aéreo. Quien piense que la película no podría dejarle mejor sabor de boca, que espere a ver todos los títulos de crédito, con dos escenas extras, la segunda hilarante.

Firma: Juan Luis Sánchez

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